lunes, 15 de octubre de 2007

Silencio

Silencio.
En el templo hay silencio, y tu presencia
espera el alborozo de los hijos que vuelven.
Es el día del vuelo y las campanas,
de la oración gozosa que tiemble entre los labios,
del cántico profundo que se eleva hacia el cielo
pero también es hora de mirar en el alma
y hablarte sinceramente de nosotros,
de aquellos,
del verde prado y del abismo impio,
de los que viven lejos del mundo y de la flor.
Muy cerca de la piedra,
el río fluye sereno y lentamente,
como las horas vivas de un reloj silencioso
que mide nuestras vidas camino de la mar.
Silencio.
Hay silencio en el templo.
He llegado hasta ti, soy peregrino
que no vengo a pedir misericordia:
vengo a decirte sin voz y con palabras
que hay vientos tristes, y sombras, y agonías,
que hay palomas amargas, y naúfragos, y noches,
y también hay amor.

¡Tú eres amor,
amor sobre un pilar eterno,
madre de Cristo y nuestra,
madre y amor,
amor y madre nuestra!
Tú eres la fuente de donde mana el agua
del amor infinito que riega el horizonte.
¡Amor sobre un pilar,
amor, y madre, y nuestra!
En el templo hay silencio, y tu presencia
espera el alborozo de los hijos que vuelven.
José Verón Gormaz

3 comentarios:

Anónimo dijo...

"Es hora de mirar en el alma"
entre tanto ruido, ayudame Madre a buscar el silencio, tu silencio, la fe para acoger la Palabra de Dios y hacerla vida en mi interior.

A. Francisco dijo...

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A. Francisco dijo...
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